Cuando nos disponemos a decidir la película que vamos a realizar en cada uno de nuestros programas, se suelen dar varios factores que pueden determinar esa decisión en distintas fases. Por lo general, con una previsión de varios meses nos reunimos para exponer varios títulos. La selección de la primera remesa la realiza Juan Pablo y suele ser bajo cónclave en el Pato Rojo después de unas buenas convidadas. A Oso Panda, por habito, le parecen bien casi todos los títulos, en lo único que se opone, es cuando hacemos especiales y tratamos más de una película a la vez, según su criterio, desaprovechamos de esta forma programas enteros. Pero a Juan Pablo le entra el ansia, como la película de Tony Scott, ya que le gustaría que diera tiempo a tratar cuantas más películas mejor. Solo se suele formar ese pequeño tira y afloja que en casi todas las ocasiones se desenvuelve de forma satisfactoria cuando José Pato Rojo empieza a divagar sobre hacer programas empíricos y raros tomando direcciones tangentes que nunca llevan a nada concreto. Por tanto, por nuestra salud mental, y sobre todo para que nuestras mujeres no nos den dos voces por llegar demasiado tarde y bebidos después de mantener intensas conversaciones sin sentido de cine, tomamos las decisiones un poco más rápido.

La siguiente fase corresponde a aquella que afecta directamente al invitado.  En muchas ocasiones, este ha visto o le apasiona alguna de las películas que tenemos elegidas, pero en otra gran mayoría, el Highlander prefiere hablar de alguna película que domina o que ha sido más significativa en su vida ochentera. En este caso el chiringuito se viene abajo y volvemos otra vez a reinventar el programa. A todo eso hay que sumar la forma de cuadrar fechas, horarios de trabajo, días de grabación, cambios inesperados, programas especiales, invitados o miembros del equipo que se caen, etc. En fin, una labor casi tan previsiva como comprar en la actualidad el juguete de moda que tu hijo les ha pedido a los Reyes Magos.

Pero luego tenemos casos excepciones como los del invitado de esta semana Miguel Dávila. Este personaje, rectifico este capullo, es un coco y tiene la posibilidad de hablar de cualquier película y de cualquier tipo de cine, pero como es costumbre en este tipo de casos, no tiene otra cosa que hacer que pedir hablar no de una, sino de dos películas, y además para más estrés del programa, dos películas que no pudimos ver nadie en los 80 porque no llegaron a España hasta bien entrados los noventa. – ¿Pero Miguel, seguro que no pretendes echarnos abajo el programa?– Le intentábamos preguntar nosotros de la forma más cordial posible. Intentamos agredirle, insultarle e incluso le invitamos a cervezas para que desistiera, sobre todo después de revisionarlas y darnos cuenta que “La Tumba de las Luciérnagas” era la historia más triste que conocíamos muy por encima de la muerte de Jesucristo.

Sorprendentemente, como hombre de estudios, de cine y sobretodo que ha jugado en la calle en los 80, nos convenció con buenos argumentos para emprender la ardua tarea de intentar llevarle a todos los oyentes dos de las mejores cintas de animación que se han realizado a lo largo de la historia del cine, y que curiosamente, nacen en una década donde los buenos buenos films llenos de carga argumental, no prodigaban.

Una vez requeteconvencidos, aunque no seguros, nos decidimos a realizar este programa que ya podéis escuchar y cuyo resultado, bajo nuestra opinión, ha sido brillante. Por un lado tenemos que destacar la labor que ha realizado todo el equipo desde nuestro técnico de sonido Manuel Serrano, pasando por Almudena Moreno, Oso Panda Cabrón (Rafa) hasta llegar a la dirección de Juan Pablo Videoclubsero, para realizar un programa dinámico y humorístico, que podía haber surcado otra línea muy diferente al tratarse de una película tan dura y triste como “La tumba de las Luciérnagas”.  Tampoco podemos olvidarnos del lanzamiento de nuestra nueva sección ochentera #8que80, a cargo de Juanjo López (Melón Tajá en mano), que ha empezado muy potente realizando un bombardeo a la japonesa entre la política actual.

Pero en especial, tenemos que destacar la gran participación en este programa de Miguel Dávila, que nos ha trasladado de forma ilustrada y animada hasta los inicios del Studio Ghibli allá por el año 1985, mediante el análisis de dos películas muy distintas entre ellas, pero que se estrenaron el mismo año 1988 en pases conjuntos. De la dulzura, fantasía e imaginación de Mi vecino Totoro, al belicismo y crueldad de La Tumba de las Luciérnagas, perfectamente explicado, desarrollado y justificado.

Sabemos que no son dos de los títulos que más atraen a los amantes del cine de los 80, pero de vez en cuando nos gusta romper esquemas y descubrir un cine que para muchos todavía no existe a pesar de su importancia y de su impronta que nos es otra que la de los 80. Por eso os animamos a que descubráis este gran programa.

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